El ultimo año en Argentina fue espectacular. Volvi después de más de 20 años y me encontre con algo que no esperaba: una sensación real de hogar. Durante siete meses recorri el país, vivi Buenos Aires, el norte, el sur, y termine de confirmar algo que venia sintiendo hacia tiempo.
Pero este final de año necesitaba algo distinto. No porque quisiera irme, sino porque habia cerrado una etapa. Y cuando eso pasa, aparece naturalmente la necesidad de moverse. Por eso elegi Paris. No tanto por el destino en si, sino por lo que representaba: cambiar de contexto y ver que pasaba después.
De Argentina a Europa, sin un plan cerrado
Dejar Argentina después de esos siete meses no fue tan simple como otras veces. Esta vez habia algo diferente. Me habia vuelto a sentir en casa, conectado con la gente, con el ritmo, con una forma de vivir que no habia tenido durante años.
Y sin embargo, me estaba subiendo a un avion otra vez.
Ahi aparece una de las preguntas más difíciles de responder: donde quiero vivir realmente? La respuesta hoy no es clara. Y por primera vez, eso no es un problema.
La idea de vivir entre Argentina y Europa empieza a tomar sentido. No como una decisión definitiva, sino como una forma de vida. Moverme entre los dos, aprovechar lo mejor de cada lugar y no obligarme a elegir uno solo.
Paris en fin de ano, más allá del destino
Paris en estas fechas tiene algo especial. Las luces, la decoracion, el movimiento en las calles, los cafés llenos, la sensación de estar en un lugar que se transforma completamente en Navidad.
Habia estado otras veces, pero nunca así.
Esta vez no era solo turismo. Era más bien una pausa en el medio de un proceso. Caminar por la ciudad, subir a la Torre Eiffel, ver como se ilumina toda la ciudad desde arriba... son experiencias que se viven distinto cuando estas en un momento de cambio.
Incluso hay algo simbólico en lugares como la Torre Eiffel. Una estructura que fue cuestionada en su momento, que tardo años en construirse y que hoy es uno de los iconos más reconocidos del mundo. Es inevitable hacer ese paralelismo con los procesos personales: no todo lo que lleva tiempo o genera dudas esta mal, muchas veces es parte del camino.
El viaje real: entre trabajo, imprevistos y movimiento
El viaje no empezo en Paris, empezo mucho antes. Fueron más de 20 horas desde Buenos Aires, con escala, cansancio y hasta una valija perdida en el camino.
Ese tipo de cosas, que en otro momento serian un problema grande, hoy forman parte del proceso. Viajar así implica aceptar cierta incertidumbre constante.
Al mismo tiempo, el viaje no es solo viajar. Es trabajar, mantener proyectos, organizar tiempos. De lunes a viernes sigo trabajando, porque si no trabajo, no puedo sostener este estilo de vida.
Esa mezcla entre movimiento e intensidad es lo que define esta etapa.
El reencuentro con el Tesla y lo que viene
Uno de los momentos clave de este viaje es el reencuentro con el Tesla. Mas allá del auto en si, representa algo más grande: la idea de movimiento, de libertad y de todo lo que puede venir después.
La posibilidad de llevarlo a Argentina, recorrer la ruta 40, o incluso usarlo como base para un viaje mucho más grande.
Todavia no hay una decisión tomada. Pero si hay algo claro: el Tesla no es solo un medio de transporte, es parte del proyecto.
EchoRoute: vivir sin tener todas las respuestas
Este viaje marca bastante bien el punto en el que estoy hoy. No hay un plan completamente definido, no hay una estructura cerrada, pero si hay una dirección.
EchoRoute nace justamente desde ahí. Desde la idea de moverse, de explorar, de no quedarse en un solo lugar y de construir el camino mientras sucede.
Quizas el proximo paso sea recorrer el mundo. Quizas volver a Argentina y quedarme. O quizás algo completamente distinto.
Pero hay algo que si es seguro: la persona que hoy esta tomando estas decisiónes no es la misma de antes.
Y eso cambia todo.















