Cuando empezamos a pensar en cruzar China en un Tesla, imaginamos que el gran desafío sería el auto.
Los permisos para conducir un vehículo extranjero, las matrículas temporales, la ruta autorizada, los cargadores y la cantidad de kilómetros. Todo eso sigue siendo complejo, pero encontramos soluciones. Ahora hay otra pregunta que puede cambiar el recorrido completo: ¿podemos trabajar con normalidad mientras estamos allí?
Para nosotros no es un detalle. Vivimos del trabajo remoto mientras recorremos el mundo, así que no estamos haciendo este viaje durante unas vacaciones ni podemos desconectarnos varias semanas hasta llegar al siguiente país.
Durante la semana trabajamos. El viaje avanza los fines de semana porque, cuando llega el lunes, necesitamos estar disponibles para nuestros clientes, acceder a nuestras herramientas y tener condiciones adecuadas para participar en reuniones.
En China, nadie puede asegurarnos que eso vaya a funcionar con normalidad.
El problema no es tener internet en China
China tiene internet, pero no el mismo internet que nosotros utilizamos para trabajar.
Hace años el gobierno chino decidió cortar el paso a las plataformas extranjeras y dejar que crecieran las propias: en vez de Google está Baidu, en vez de WhatsApp está WeChat, en vez de Twitter está Weibo. A ese sistema de bloqueo le dicen el Gran Cortafuegos.
Servicios como Google, Instagram, YouTube o LinkedIn no están disponibles con normalidad desde una conexión local. Para un turista, no poder entrar a Instagram durante unos días puede ser una molestia. Para nosotros, perder el acceso a Google Drive, LinkedIn, herramientas de inteligencia artificial o videollamadas significa no poder trabajar como lo hacemos habitualmente.
Para acceder a estas plataformas, muchos viajeros buscan una vpn china que les funcione (una VPN, resumido, es básicamente un túnel que hace que tu conexión parezca salir de otro país, aunque físicamente estés en China). El problema es que el Gran Cortafuegos también intenta detectar y bloquear esas conexiones, y su funcionamiento puede cambiar según el momento, la red o la región.
Eso explica por qué los comentarios son tan contradictorios: la VPN que le funciona perfectamente a una persona puede fallarle a otra o no tener velocidad suficiente para sostener una reunión.
El problema no es quedarnos sin internet. Es tener conexión y, aun así, no poder trabajar.
Vimos muchos videos y terminamos con menos certezas
Empezamos como empieza casi cualquier investigación de viaje: buscando experiencias de otras personas.
Vimos canales de YouTube de viajeros que habían recorrido China, videos sobre eSIM, conexiones internacionales y comparaciones entre VPN. Algunos aseguraban que habían trabajado sin problemas, tal vez alguna pequeña demora en la conexión. Otros explicaban qué combinación les había funcionado.
Entonces abríamos los comentarios.
Debajo de un video en el que todo parecía resuelto, aparecían personas diciendo que esa misma VPN no se había conectado ni una sola vez. En otro, alguien contaba que había utilizado todas sus aplicaciones con una eSIM internacional, mientras otra persona decía que la conexión era demasiado lenta para trabajar.
Lo que le funcionó a uno no le funcionó a otro. Y todos parecían igual de convencidos de tener la respuesta, aunque la verdad no hay una única solución mágica que nos asegure que no vamos a tener problemas.
La red, la ciudad, el alojamiento, el proveedor, el dispositivo y hasta el momento del viaje pueden modificar el resultado. El Gran Cortafuegos tampoco es una estructura inmóvil. Las investigaciones muestran que sus mecanismos evolucionan y que el sistema también intenta identificar conexiones cifradas utilizadas para evitar los bloqueos.
Por eso, después de muchas horas de videos, foros y comentarios, nuestra conclusión no fue: "Esta es la VPN que necesitamos".
Fue bastante menos tranquilizadora: no existe una solución que podamos dar por segura antes de entrar.
Una VPN no es un plan de continuidad para trabajar remoto en China
Podríamos instalar varias VPN, contratar más de una eSIM y llegar con distintas opciones preparadas.
Seguramente lo hagamos si finalmente cruzamos China. Pero tener alternativas no es lo mismo que tener garantías.
Una VPN puede permitirnos abrir servicios que normalmente no estarían disponibles, pero también puede reducir la velocidad, desconectarse o dejar de responder. Y existe una diferencia importante entre conseguir enviar un mensaje y sostener una jornada laboral completa.
Nosotros necesitamos participar en videollamadas, entrar en las plataformas de nuestros clientes, utilizar herramientas de inteligencia artificial, compartir documentos, enviar archivos y responder por distintos canales.
Aquí aparece otro problema: no todo depende del cortafuegos chino. Los propios proveedores establecen desde qué países y regiones permiten utilizar sus servicios.
OpenAI no incluye a China continental entre los países y territorios admitidos para su API. La compañía advierte que acceder u ofrecer acceso desde una región no admitida puede provocar el bloqueo o la suspensión de la cuenta.
Anthropic tampoco incluye a China continental entre las regiones en las que ofrece acceso comercial a su API o a Claude. Su documentación indica que sus cuentas solo pueden crearse y utilizarse desde ubicaciones admitidas.
Esto cambia bastante la pregunta. Ya no se trata únicamente de encontrar una VPN que consiga abrir una plataforma, sino de saber si podemos utilizar herramientas centrales para nuestro trabajo sin incumplir las condiciones de los proveedores ni poner nuestras cuentas en riesgo.
Incluso los servicios que sí están disponibles pueden funcionar de otra manera. Microsoft explica que las conexiones realizadas desde hoteles, cafeterías o viviendas hacia sus servicios globales pueden experimentar congestión, latencia y pérdida de paquetes al atravesar los circuitos internacionales de China.
Son problemas que afectan especialmente a las videollamadas y a las transferencias de archivos.
Las empresas con operaciones en China pueden contar con redes privadas, equipos técnicos e infraestructura diseñada específicamente para trabajar allí. Nosotros llegaríamos como dos personas, dos computadoras y un Tesla.
No es exactamente el mismo setup.
Las restricciones no son solo de China, aunque cambien según quién trabaje
Esto tampoco es exclusivo de las herramientas de inteligencia artificial, ni de nosotros. Trabajar remoto no significa poder hacerlo desde cualquier lugar, y las restricciones cambian según cómo trabajás.
Si tenés tu propia empresa, sos freelancer o trabajás con tus propios clientes, las restricciones suelen venir de los contratos: algunos exigen operar desde determinados países por temas legales, fiscales o de seguridad de datos, y eso puede limitar desde dónde podés facturar o prestar el servicio sin problemas.
Si trabajás en relación de dependencia para una empresa, las restricciones vienen del empleador. Muchas compañías directamente no permiten conectarse desde ciertas ubicaciones por políticas de seguridad o cumplimiento normativo, más allá de que la persona tenga aprobado el trabajo remoto.
En todos los casos hay restricciones. Cambia quién las pone, pero no que existan.
A nuestros clientes no les cambia que estemos en China
Podemos investigar durante meses, instalar varias aplicaciones y guardar instrucciones para todos los escenarios posibles.
Pero si una reunión se interrumpe, a la persona que está del otro lado no le sirve demasiado saber que vimos muchos videos de YouTube antes de llegar.
Tampoco podemos responder que el Gran Cortafuegos decidió bloquear nuestra VPN esa mañana. Puede ser una explicación verdadera, pero sigue sin resolver el problema.
Como nómadas digitales, nuestra forma de viajar se apoya en una regla bastante sencilla: el movimiento no debe trasladar incertidumbre a quienes trabajan con nosotros.
Por eso cambiamos de ciudad los fines de semana, llegamos con tiempo para instalarnos y comprobamos la conexión antes de comenzar una nueva semana. Si un alojamiento no tiene un buen espacio de trabajo, buscamos un coworking. Si el wifi falla, utilizamos datos móviles.
Hasta ahora siempre pudimos construir una alternativa.
China cambia esa lógica porque varias de las posibles soluciones dependen del mismo punto incierto: la capacidad de conectarnos con estabilidad al internet global.
No basta con tener un plan B si el plan B puede fallar por la misma razón que el primero.
Cruzar China no sería una prueba de dos días
Si viajáramos en avión a una ciudad china durante un fin de semana, podríamos comprobar qué funciona y regresar.
Atravesar el país en nuestro propio Tesla es otra cosa.
Requiere una ruta, permisos, coordinación y una cantidad de tiempo que no nos permite entrar un sábado, probar la conexión y salir el domingo si algo falla.
Una vez dentro, necesitaríamos encontrar bases desde las que podamos trabajar durante la semana y continuar el recorrido los fines de semana. Ese sistema solo funciona si podemos abrir las computadoras el lunes y trabajar con normalidad.
No podemos cruzar un país de ese tamaño confiando en que alguna VPN terminará funcionando. Tampoco queremos descubrir desde una habitación de hotel que la herramienta que iba a ser nuestra segunda opción dejó de conectarse al mismo tiempo que la primera.
Hoy todavía no podemos responder que sí.
El riesgo más grande es el que no podemos controlar
Con el Tesla podemos calcular la autonomía, localizar cargadores y adaptar la ruta. Puede haber imprevistos, pero al menos conocemos las variables principales.
Con la conexión ocurre algo diferente. Podemos contratar servicios, preparar alternativas y hacer pruebas antes de entrar, pero la prueba definitiva solo sucede cuando ya estamos dentro de China.
Incluso entonces, que algo funcione el primer día no garantiza que continúe funcionando durante las semanas siguientes.
Esa es la parte que nos cuesta aceptar. Estamos acostumbrados a resolver problemas en el camino, pero trabajar con clientes no puede depender permanentemente de nuestra capacidad para improvisar.
Una cosa es cambiar de cafetería porque el wifi está lento. Otra es no saber si podremos acceder a las herramientas que utilizamos todos los días.
No necesitamos una conexión perfecta. Necesitamos una conexión suficientemente previsible como para que el viaje siga siendo una decisión nuestra.
China sigue en el mapa, pero ahora tiene un signo de interrogación
Queremos cruzar China. No solamente atravesarla para llegar al otro lado, sino recorrerla, entenderla y documentar cómo se vive un viaje en un vehículo eléctrico dentro de un país tan diferente de todos los que visitamos hasta ahora.
Pero querer hacerlo no resuelve la parte más importante. Antes de entrar tendremos que saber qué herramientas podemos utilizar, qué opciones de conexión son viables y qué nivel real de estabilidad podemos esperar. También tendremos que definir qué riesgo estamos dispuestos a asumir y cuál sería el punto en el que cambiaríamos la ruta.
Quizá encontremos una combinación que funcione. Quizá podamos organizar el cruce de otra manera. También existe la posibilidad de que China no sea compatible con la forma en la que hoy sostenemos este viaje.
Todavía no lo sabemos.
Por ahora, la ruta sigue abierta sobre el mapa. El Tesla puede cruzarla. Nosotros también.
Lo que no sabemos es qué ocurrirá el lunes por la mañana, cuando estacionemos, abramos las dos computadoras e intentemos empezar a trabajar.







